Capitulo 1
Desaparición
Hoy he soñado contigo. Era un día hermoso y solíamos caminar juntos de la
mano, sobre un dorado campo de trigo. Me mirabas a los ojos y sonreías.
Lo único que sentía era alegría. Solo quería estar a tu lado sin que nada
nos interrumpa.
Luego la noche cayó y de mi lado te marchaste. Gritando desesperado tu
nombre, no recibía respuesta alguna de tu dulce voz. Ya las luces
que iluminaban mi camino se apagaron, dejando todo en absoluta oscuridad.
-¡OH amor mío! ¿Dónde te has escondido? ¡Qué he hecho para merecer semejante
castigo! -
Tu dulce voz susurró a mi lado, diciéndome que estabas encerrada en un
castillo olvidado. También dijiste que no debía socorrerte, ya que en él se
escondían cien mil peligros. Temías por mi vida.
-¡Eliana, amada! ¿Por qué te escondes? ¿Dónde se encuentra ese castillo?
¡Asesinaré con mis propias manos a quien te haya hecho daño! -
Y así como tu angelical voz calló, a lo lejos pude divisar un castillo
rodeado por un fuerte, iluminado por antorchas en los balcones. Corrí lo más
rápido que pude sin haber escuchado tus palabras.
Al llegar me topé con una enorme puerta de piedra, al lado de la misma,
yacía un esqueleto con espada y rodela. Quedé petrificado al verlo, y tu
hermosa voz volvió a surgir en mi mente:
-“En él se esconden cien mil peligros”.
Saliendo de mi estado, tomé el acero y me volví hacia la puerta. –amor
mío, no temeré mal alguno, ya que tu amor me protege.-
Entré en el patio, lo único que podía divisarse era destrucción. Los carros
con heno estaban abandonados a los costados. Delante mío un portón de madera
iluminado por una antorcha. Al acercarme pude notar que tenía unos extraños
grabados, entre todos ellos una leyenda que decía: “aquí yace el último aliento
del hombre”.
Tomé la antorcha y sin vacilar entré. Todo estaba oscuro y no sabía qué era
lo que pisaba, iluminando a los alrededores noté que estaba en una capilla.
Huesos y telaraña por doquier. Llantos y dolor llenaban el aire, a mis pies
crujió un cráneo y a mis alrededores, en la oscuridad, sonaron chillidos.
No estaba solo.
Capitulo 2
En
las fauces del infierno
Quedé helado al escuchar aquellos sonidos. Iluminé los alrededores, pero lo único
que veía era más muerte y oscuridad. Adentrándome aún más, podía verse, lo que
parecía ser, entre tanta oscuridad, una especie de altar. Sobre él, se
encontraba un libro demasiado viejo y consumido como para leerse a simple
vista. Dándole la espalda, había un gran vitral iluminado por la luz de la
luna, en él, podía contemplarse un hombre con una cruz en su pecho y unas
palabras en hebreo sobre su cabeza.
Al acercarme, un espantoso relámpago seguido por un horrible trueno quebró
el cielo detrás del mismo. La figura de aquella imagen cambió bruscamente
mostrando ahora un demonio con una lanza en sus manos; tenia la boca abierta de
par en par mostrando enormes colmillos ensangrentados. Escuché un ruido
estremecedor a mis espaldas y el libro pareció recobrar vida y brillo a su vez.
Acercándome pude leer lo siguiente:
“Por mucho tiempo adoramos a un hombre que se hacía llamar dios, Él
nos enseñó cómo adorarlo, ofreciendo sacrificios humanos. No sabíamos en quien
estábamos confiando, actuaba de formas misteriosas y nunca dejaba que podamos
verlo….- esta parte es ilegible luego continua-
Serat es nut etsfilum
Serat das nur
Serat es das patronum
Es patronum das nut etsfilum.
Al terminar de leer esas frases, pude divisar frente a mí unos ojos rojos
que me miraban fijamente desde la oscuridad..
– ¿Quien está ahí? ¿Donde está Eliana?, ¡que le haz echo maldito!
¡Muéstrate!-
Al terminar de hablar, aquellos ojos se apagaron. Iluminando con el fuego
traté de ver hacia donde se había ido aquel personaje, pero nada pude ver.
De repente todas las bancas empezaron a moverse bruscamente y espantosos
ruidos provenían de todos lados. Aquellos ruidos eran horribles y demasiado
fuertes para mis oídos. Tirando la antorcha, Dejando sólo la rodela en
mi mano izquierda, Los cubrí con mis manos, y
justo al hacerlo, algo saltó hacia mí arrojándome hacia el otro lado del
vitral. Todo se oscureció.
La lluvia sobre mi rostro me despertó, Debí haberme desmayado con
el golpe. Tratando de levantarme pude ver frente mío una figura moviéndose
impaciente y maldiciendo en un lenguaje que no lograba entender. Al ponerme de
pie, un fuerte dolor sucumbió mi cabeza, al tocarme la nuca y volver las
manos hacia mi vista, note que tenía sangre en ellas.
Aunque todavía no podía ver del todo bien, Pude ver a una figura alta,
deforme ante la imagen de un hombre. Al calmarse mi vista, pude verlo con más
detalles. Llevaba un casco dorado que solo le cubría una parte de la cabeza.
Tenía dos puntiagudas orejas. Las piernas, eran huesudas y los talones eran
inclinados hacia atrás. También pude notar que tenía una cola que movía
lentamente hacia los costados.
-¿Quien o que eres? ¡De dónde has salido demonio!
-Veo que al fin te has levantado, eres más débil de lo que creí.
-¡No me estas respondiendo! ¡Quién demonios eres!
-Tú mismo te estás contestando. Como puedes ver, soy un demonio, y no un “Dios”
como creían que era esos estúpidos humanos. Y en cuanto a mi nombre…tuve muchos
nombres, uno mucho más difícil que el otro, pero tú…tan solo llámame Meneas.
-¿De dónde has salido? ¿Donde está Eliana? Os juro demonio, si la has
lastimado os juro por mi nombre que...
-¿Qué? ¿Vas a matarme? ¡Por favor! ¡No me hagas reír! ¡Un simple
humano no puede siquiera hacerme daño! Además, ¿por qué tanta muerte en tus
palabras? ¿Es eso lo que con ansias buscas? Si es eso lo que tanto quieres,
entonces, ¡permíteme concederte tu último deseo!
Así como aquél demonio terminó de completar su frase, corrió hacia mí
empuñando su lanza, con una velocidad imposible de seguir.
Por mero instinto, me cubrí con mi rodela, logré esquivar su
golpe y ensarté la espada directo en su pecho.
-No puede ser, ¿Cómo es posible?
-No conozco tu historia y no me interesa, solo estoy aquí para rescatar a mi
amada. Y ningún obstáculo evitará cumplir mi objetivo.
Removí la espada de su pecho y Meneas cayó al suelo agonizante en un enorme
charco de sangre que se mezclaba con la lluvia.
-Ustedes los humanos son realmente increíbles, se entregan totalmente ante
el amor. Pero realmente no saben lo que es.
-Calla demonio y muere de una vez.
Dándole la espalda una gran reja oxidada yacía delante de mí, detrás de
ella, podía divisarse un enorme cementerio, y más allá del cementerio, podía
verse una enorme torre.
¡Amor mío, Si puedes escucharme, por favor aguanta! ¡Voy a tu rescate!
Capitulo
3
Encuentro
Tengo que ser honesto en esta parte. Amor mío, si puedes leer esto, créeme,
e imagínate cuanto puedas ese lugar, ya que no sé si mis palabras puedan llegar
a bastar con lo que describa.
Tras cruzar la entrada, mi piel se puso de gallina en tan solo un instante.
La lluvia, azotaba terriblemente la tierra, dejando tan solo barro a mí
alrededor. Y la hermosa luna en lo alto del cielo, creaba imágenes que no
estaban allí.
Dentro del cementerio mismo se encontraba un bosque abandonado rodeado de
tumbas.
Los árboles estaban todos desnudos y sus ramas eran realmente puntiagudas. A
tal punto, que parecían garras de abominables monstruos.
Adentrándome aun más, tuve que esquivar muchos árboles caídos por la
tormenta. También vi muchas tumbas abiertas con cadáveres dentro de ellas. Era
realmente un lugar de pesadilla.
El sendero por el cual transitaba estaba hecho de piedras salteadas y
resbaladizas. No lograba dar 5 pasos que patinaba, por lo cual procuré
tener especial cuidado, ya que tenían el aspecto de ser filosas.
También había cuervos por todos lados gritando desde los árboles, e incluso,
algunos picoteaban en los ojos de los muertos sin sepultura.
La tormenta se hacía escuchar cada vez más fuerte y la lluvia, caía con
tanta intensidad, que se me hacía demasiado difícil caminar.
Llegué a una especie de círculo de tumbas, parecían ser gente importante porque
sus lechos de muerte eran más grandes que la de los demás. Al inspeccionar una,
la tierra empezó a abrirse y un cuerpo putrefacto salió de la misma. Ante tal
visión me aparté blandiendo la espada por mi seguridad.
Aquél cuerpo, con trapos sucios y rotos empezó a toser bruscamente en forma
muy cómica, noté que no me haría daño, ya que en su rostro no demostraba
peligro alguno.
Me acerque a él e hice un gesto de reverencia. Y luego le dije
– Permítame preguntarle, ¿quién es usted y por qué acabo enterrado en este
lugar de pesadilla?. –
Terminó de salir de la tierra y se sentó sobre un tronco caído que tenía
cerca de su tumba. De esa forma pude notarlo mejor. Tenía el pelo largo y
blanco, así también como su barba, llevaba anteojos rotos y un traje de gala.
Aunque estaba muerto, todavía le quedaban rastros de vida. Su carne, si bien
estaba podrida, lograba llenar su cara de modo que podían verse sus rasgos.
Luego de un largo suspiro y un silencio abrumador, me miró fijamente a los
ojos por unos instantes y luego respondió.
-Es una alegría enorme poder veros nuevamente hijo mío, a lo largo de los
años no ha cambiado en absoluto tu apariencia y tus modales.
-Disculpadme, buen señor, pero me temo que no sé quien sois vos y
mucho menos de lo que queréis decirme.
-Tampoco cambió tu estupidez –dijo entre risas- Pero te responderé. Mi
nombre es Antitoles y fui tu maestro por muchas generaciones.
-¿De qué estáis hablando? ¡Nunca os he conocido! -
-Tú de que estáis hablando, ¿acaso ya te has olvidado de mi? ¡Todas las
cosas que te he enseñado a lo largo de vuestras vidas!
-Por favor explicaos, no logro entender una sola palabra de lo que me estáis
diciendo.
-Está bien, nosotros os hemos conocido durante toda vuestras vidas, desde el
principio de los tiempos, fui tu mentor, así también como un padre para ti.
-Estáis queriendo decir, buen señor, ¿qué os hemos conocido anteriormente?
¿Y por qué no puedo reconoceros? ¿Ni mucho menos acordarme de vuestro nombre?
-Porque tú nunca creísteis en las reencarnaciones, siempre te interesaban
otras cosas, fuisteis mi alumno más rebelde en mucho tiempo.
-Aunque no puedo reconoceros, es un placer volver a hablar con vos, pero
dime, ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué mi amada llegó hasta aquí? Dime, ¿Qué debo
hacer para salvarla?
-Debes enfrentar tus demonios para poder salvarla. Debes redimirte ante
todos tus pecados anteriores, debes saber de dónde vienes.
-Entonces ¡házmelo saber maestro! ¡Os lo ruego!
-Muy pronto te veré nuevamente viejo amigo.
Hizo una seña para que me vuelva y haciéndole caso me volví, dándole la
espalda. Frente a mí se encontraba una tumba semi-abierta, en su lecho decía.
“Enfrenta tus demonios” al terminar de leer, la tierra comenzó a temblar
haciéndome caer al suelo.
De la tierra, una mano humana salió aferrándose a mi pie, intenté apartarlo de
una patada pero no se soltó. Con pánico, empecé a moverme hacia atrás,
intentando quitar la mano de encima, pero lo único que lograba era hacer que
salga aquel cuerpo. Espantado y paralizado pude reconocer aquel cadáver.
Era yo mismo, y caminaba directamente hacia mí. Tenía la cabeza ligeramente
inclinada hacia la izquierda y daba pasos muy cortos y atontados, con los
brazos colgando a los costados. Tenía los ojos negros como el carbón. Y la cara
y el cuerpo con huecos de heridas.
No pude levantarme, estaba inmovilizado en el suelo, me aferró la cara
y me miró a los ojos, en ellos pude ver mil muertes mías: Quemado, decapitado,
asesinado, suicidio, todas las muertes eran horrorosas. Lo aparté y logré
pararme y corrí lejos de él para aferrarme a mi maestro, pero él no estaba
allí, y al darme vuelta aquel ser estaba detrás mío blandiendo una enorme
espada.
Haciendo un brusco movimiento, Logró acertar un golpe mortal en el estomago,
hundiendo la espada en el.
Cerré los ojos y toda mi vida corría ante mis ojos,
todos los bellos recuerdos. Cuando te conocí, nuestro primer beso, nuestras
promesas de amor, creía que todas las promesas que te había jurado prometer no
las iba a poder cumplir después de todo. En ese mismo momento recordé las
palabras que una vez te dije. “solo tú puedes hacerme daño y darme muerte”.
Retiré la espada de mi estomago, que había dejado una enorme grieta en
mi.
Mi “otro yo” quedó inmóvil, como sin creer lo que estaba pasando, su
cabeza empezó a moverse para todos lados, como si fuese a explotar y
luego cayó al suelo en pedazos. Tomé un fuerte respiro de alivio y luego me
paré y seguí mi camino hacia la torre.
Capitulo
4
Eliana
Mientras caminaba, aquella herida se cerraba sin dejarme cicatriz, era un
milagro. Recuperé mis fuerzas para poder seguir caminando, ya que me
sentía extrañamente débil, y mis pasos se hacían cada vez más pesados al
acercarme a la torre.
Tuve que atravesar un patio para poder entrar en ella, no recibí ninguna
bienvenida, estaba todo calmado. Al término del patio, se encontraba una
entrada, que dirigía a la torre, y dentro de la misma entrada se encontraban
unas escaleras de piedra negra en forma de espiral.
Llegué hasta lo que parecía ser un cobertizo, estaba vagamente iluminado por
velas, y tenía telas blancas por todos lados.
El lugar, era demasiado estremecedor, ya que parecía ser una sala de juego
de niños. Había juguetes y muñecas de todo tipo, y todos parecían tener vida.
¿Eliana, donde estas? – Pregunté.
-Aquí – respondiste- Ven.
Mi corazón empezó a palpitar demasiado fuerte y rápido. En mi rostro, fue
dibujada una sonrisa de satisfacción y alegría al poder oír tu voz nuevamente.
Al fondo de la habitación, estabas vos, sentada en una silla de madera,
tenías un vestido de novia blanco como la nieve.
-¿Por qué estas así vestida? ¿Te han hecho daño? Dime quien fue y te juro
que…
-Shh, cálmate, nadie me ha hecho ningún daño, estoy bien. –Tu voz logró
tranquilizarme y hacerme caer a tus pies y llorar.
-Amor, sentía que mi vida se acabaría si no te encontraba, pero ahora que
estoy nuevamente a tu lado puedo sentirme feliz y con vida. Ven, vámonos de
aquí, todavía no sé dónde estamos y no quiero saberlo tampoco, solo quiero irme
a casa contigo.
-No podemos irnos a ningún lado.
Tu respuesta me dejó helado.
-¿Por qué no? ¿Qué sucede?
No tuve respuesta, en cambio, empezaste a reír de forma extraña y loca.
Te paraste de la silla y seguías riéndote de forma desaforada, empecé a
tener miedo.
-¿Todavía no lo entiendes verdad? ¡Todo esto ah sido en vano! ¡No creas que
me iré de aquí!. -
-Por favor escúchate, ¿qué sucede contigo? ¡Ven vámonos cuanto antes!
-¿Quieres que me valla? ¡De verdad así lo quieres?
-Quiero que vengas conmigo, este lugar no es para nada agradable, por favor
te amo ven conmigo.
-¿Me amas? De verdad me amas?
-Te amo más que al cielo mismo
-Entonces…¿harías algo por mi…si te lo pidiese?
-Dime lo que quieres y sin dudarlo te lo daré
-Dame tu sangre.
-¿Mi sangre? ¿Para que la quieres? Estas delirando ven vámonos ahora mismo
de este maldito lugar.
-No me iré hasta que me des al menos una sola gota de tu sangre.
-Si eso es lo que quieres amada mía, te lo daré.
Me corté el brazo, tan solo unos centímetros, suficiente como para que salga
unas mínimas gotas.
-Listo, está hecho, ahora vámonos.
-Espera.
Me tomaste del brazo y empezaste a lamerlo, luego, apretaste con tanta
fuerza que me hacías daño.
-Basta, me estás haciendo daño.
-Todavía no terminé contigo, ¡dame más!
-¡No!- Grité- ¡Ya has tenido suficiente, vámonos de aquí cuanto antes!
Me tomaste del cabello, y me lanzaste con tal fuerza al aire, que caí a unos
pocos centímetros del fuego de una chimenea.
Yacido en el suelo, me tomaste entre tus brazos y mordiste mi cuello.
-¡¿Amor, que estás haciendo!? – Grité entre el dolor- ¡Suéltame ya!
Pero tú no respondías, lo único que hacías era drenarme.
Mi vida se apagaba. Todo se volvía oscuro. Me aferré fuertemente a tu cuerpo
mientras dejaba de ver. Y aun así haya estado sufriendo del más doloroso dolor
jamás tomado, no dejaba de verte. La poca fuerza que me quedaba, la gastaba
para poder aferrarme más a ti.
Sentía cómo mi corazón dejaba de palpitar.
Y en mi último segundo de vida, recordé tus risas, nuestras risas.
Nuestros llantos, nuestras alegrías.
Una lagrima cayó sobre mi mejilla, y en mi último aliento, solo dije. -Te
amo-