Lo ultimo que recuerdo, era que caminaba por un parque no muy lejos de casa. Todo estaba oscuro, y las luces de los faroles no estaban encendidas. Divague por mucho tiempo bajo la abrazante oscuridad, sin tener un rumbo fijo. De pronto me sentí volar, no sentía el peso de mi cuerpo, ni de la gravedad.
Caí al suelo violentamente, creándome heridas profundas por todo el cuerpo. Pedía ayuda a gritos, pero nadie me escuchaba. Era como si en la ciudad entera todos hayan muerto.
Un perro que estaba en las cercanías, lamió mis heridas. Pero me producían aun mas dolor. Luego perdí el conocimiento.
Estaba en un lugar maravilloso, todo estaba iluminado por una luz blanca brillante. Habían arboles a mi alrededor, caballos flameantes, mujeres de cuerpo esbelto desnudas, cantando y bailando por doquier.
Hombres tomando vino, Y mirando a las mujeres bailar para ellos.
No sabia como llegue hasta ese extraño lugar, pero de algo estaba seguro, no quería irme jamas.
Pero sabia que nada de eso era real, y al momento en que lo pensé, todo se desvaneció ante mis ojos.
Me incorpore como pude, mire hacia todos lados, pero aquel lugar ya no existía.
Ya perdido de vista, comencé a caminar en círculos, sin saber que hacer, decir o pensar. Intentaba reaccionar de aquel echo extraordinario. Al poco tiempo me di cuenta que todo esto carecía de lógica.
Decidí correr a mi hogar, sentarme en un sillón y respirar tranquilamente. Poco a poco recupere la cordura, y la noción del tiempo. No me había dado cuenta, del tiempo que perdí en aquel extraño paraíso.
Me deshice de la ropa, y caminando con el cuerpo desnudo, encamine hacia el baño. Abriendo la canilla del agua caliente, y esperando a que el cuarto se llene de esa densa neblina de vapor, estuve parado mirándome al espejo. Mi rostro estaba pálido, parecía mas bien un cadáver.
Lentamente mi reflejo comenzó a desvanecerse, hasta quedar ocultado por una densa cortina de agua.
Entré a la ducha. El agua estaba templada, una temperatura perfecta. Deje que el agua recorra mi cuerpo, y lavé mis heridas. Por un momento, en la ducha solo se veía el color de mi sangre. Las heridas me ardían, me hacían quejar del dolor. La temperatura del agua ya no era de mi agrado, por lo cual decidí abrir aun mas la canilla del agua caliente.
Sentía que me estaba quemando, pero no podía mover mi cuerpo de la caida de la lluvia. Seguía pensando en lo mismo, en qué había pasado en aquel extraño lugar. De pronto el aire ya no podía respirarse. Tocia bruscamente. Cerré la canilla, y salí sin taparme de allí. Abrí la puerta del baño, y el vapor seguía aun en mi cuerpo, emanando como si mi sangre estuviese enervada.
Afuera comenzó a llover. La noche estaba triste, podía sentirlo en mis huesos.
Me vestí solo con un pantalón de seda, y me deje caer rendido en la cama. Mi cuerpo ya no quería mantenerse de pie.
Tuve este extraño sueño donde me veía corriendo por un campo de maizales. Parecía asustado, como si intentara escapar de alguien, o algo.
No dejaba de mirar hacia atrás, por el miedo constante, y la morbosa duda de saber quien estaba persiguiéndome. Cuando de pronto caí en un profundo agujero negro. La caída demoro demasiado tiempo, y en ella pude ver cuadros de mi vida. Mi vida entera estaba en esos cuadros, todos los recuerdos olvidados.
Caí tan bruscamente, que me fracture una pierna. Jadeando, intentando incorporarme, comencé a tocar el suelo para encontrar una base a apoyo.
Se sentía extraño, húmedo, viscoso.
A lo largo de tanta oscuridad, pude divisar una extraña luz blanca, que brillaba como suspendida en el aire. Decidí dirigirme hasta allí.
Me sentía un estúpido por tener que dar saltos absurdos. Para cuando llegue, aquella luz se había expandido totalmente.
Estaba en un túnel, pero no de concreto. Mas bien parecía, o mejor dicho aun, Era la fause de una enorme criatura. Las paredes estaban atestadas de dientes afilados. Podía verse las venas, la carne y la vilis por todas partes.
El suelo comenzó a moverse bruscamente, tanto que se inclino, haciéndome caer en otro pozo, donde caí sobre un agua putrefacta.
Lentamente comencé a arder. ¡Estaba en el estomago de aquel monstruo!
Fue en ese momento cuando desperté. Todavía seguía lloviendo. La humedad cubría todo en la casa; Los muebles, las sabanas, incluso mi cuerpo.
No sabia que hacer. No sentía ganas por nada. Este seria otro triste y aburrido día.
Sin ánimos, me levante de la cama, me vestí, tome la billetera y salí por la puerta del vestíbulo. Atravesé la entrada de la casa, y comencé a caminar bajo la lluvia.
No había nadie en la calle, si bien hacia frío, estaba hermoso. Era otoño, las hojas en el piso, el agua cayendo bruscamente. El viento, que transformaba las gotas de agua en pequeñas cuchillas, que arremetían contra mi rostro, era tan fuerte que imposibilitaba mi marcha con cada arremetida.
Sentía como si fueran presagios que me decían "No salgas" .
Seguí caminando, como si nada me importase. Podría haber sido el fin del mundo, y sin embargo continuaría mi marcha bajo la lluvia.
Encamine hacia un viejo bar, donde muchas personas adultas se reunían. Al entrar, todos me miraron y quedaron estupefactos. Como si hubiesen visto un demonio.
Me senté en la barra, y pedí un whisky con hielo. Cuando pude darle apenas un sorbo, un hombre adulto a mi lado comenzó a hablarme.
- ¿Que te trae hasta aquí, hijo?
- ¿Disculpe? - Pregunte.
- Afuera hay una tormenta del demonio, podrías estar en tu hogar tranquilo, mirando el televisor o lo que sea. Pero sin embargo estas aquí, en este lugar de mala muerte.
-Es que no tenia nada por hacer en casa, viejo. En días como estos, siempre me dan ganas de matarme. No se porque, pero siempre fue así. Digamos que me llenan de melancolía, Por eso decidí salir, hace varios años que ya no se quien soy, ni tampoco en que creer.
Ya no se si existe Dios, o el Diablo...
- ¿Y que te ah llevado a pensar todo esto?
- No lo se. Podría decirse por las tantas preguntas sin responder. Sinceramente no lo se, me están faltando muchas cosas últimamente. Tales como afecto, compañía, y tampoco sale de mi buscarlos... ¡Estoy tan perdido, viejo! ¡Ya no se que mas hacer con mi vida!
- Tranquilo, - me dijo - Eventualmente todos caemos en el mismo precipicio. Pero esta en nosotros si queremos salir, o quedarnos en el.
- No me mal interpretes viejo, yo quiero salir de ese pozo. Pero es imposible. Por mas que intente salir no puedo hacerlo. Desearía que mi vida se apague de una vez por todas.
- Vuelve a casa, y consúltalo con la almohada. Ella te dará todas las respuestas que estas buscando.Yo te acompañare.
-No necesito tu compañía, viejo. Puedo llegar por mis propios medios.
- No lo creo, haz bebido demasiado, no puedes ni mantenerte en pie. Y con tanta tristeza que tienes, seguramente te tiraras bajo un camión.
Salimos juntos de aquel lugar. La lluvia era aun peor, no se podía ver absolutamente nada. El viejo me dijo que me protegería, que no debía tener miedo. Que todos pasamos por problemas, pero que tarde o temprano todos encontramos el camino correcto.
Estaba caminando adelante de el, casi no podía escucharlo. Pero lo sentía atrás mio, con una sonrisa serena.
Y fue en ese momento, cuando cruzando la avenida, un camión cisterna salio de la nada a toda velocidad. Lo ultimo que vi, fueron las luces delanteras, después, todo se oscureció.
Recobre la memoria, y estaba al otro lado de la calle. Por puro instinto gire la cabeza hacia el asfalto.
Allá estaba el viejo, tirado en el medio de la calle. El camión se había dado a la fuga.
Me acerque a el tembloroso, temiéndome lo peor. Nadie podría haber sobrevivido a ese choque.
El no se movía. El agua caía sobre su cuerpo, empapado de sangre. Comencé a llorar, y me fui de aquella espantosa escena. Nadie pareció escuchar el choque.
Camine tres pasos, cuando detrás mio pude escuchar la voz del viejo: "Recuerda mis palabras, pues te servirán por siempre. No existirá un mañana, si no vives el presente."
Me di la vuelta, impactado por lo que había sucedido. El viejo estaba sonriente, no tenia herida alguna. Pero su cuerpo parecía roto. Y de sus espaldas, dos alas enormes estaban desplegadas.
Las alas se abatieron en la lucha por levantar el quebrantado cuerpo del suelo. Creando un efecto espectacular entre la lluvia y el viento.
Poco a poco fue retomando aquel vuelo que fue interrumpido, y que pensó que jamas volvería a disfrutar.
Así fue como saco de su bolsillo, un pequeño reloj de oro con diamantes incrustados en los costados. Miro la hora, y al darse cuenta que estaba atrasado, se elevo hacia los cielos, para nunca mas ser visto.


