Una tarde. Triste, mal humorado. Con el día completamente nublado.
Estaba yo bajo un árbol.
Desnudo, sin hojas o flores.
Arrancando
el césped que tenía a mí alrededor. Pensando. Lamentando.
Recordando viejas
historias. Bellas como cuentos de niños. Amargas, como drama policial.
Tratando de curar
mis heridas con hermosas anécdotas. Espantando horribles desventuras.
Evocando tus
besos, tus caricias y abrazos. Maldiciendo todo lo malo. Enterrándolo en
esa tierra seca.
Así estuve
mucho tiempo pensando en una diversidad sin fin de cosas.
Tales como:
Amor, felicidad, triunfos, y la vida misma.
Pero se me era
imposible tampoco pensar en las contradicciones. Olvido, tristeza, fracaso, y
muerte.
¿Cuanto tiempo
abre estado allí sentado? ¿Cuantas veces eh respirado? ¿Cuantas veces
mi latió mi corazón?
¿Cuanta muerte
deje a mí alrededor? ¿Cuantas veces eh insultado? ¿Cuantas veces, desee estar
muerto?
¿Cuantas sin fines
de preguntas me eh echo, para no poder contestarlas?
Los bostezos eran
cada vez mas regulares. Mis parpados pesaban. Mis fuerzas se alejaban de mi
cuerpo.
La
noche había llegado, y mis heridas no habían sanado. Solo
me quedaba recostar mi cabeza y descansar.
Rogando a que las
pesadillas no azoten mi mente. Otra vez.
Quede dormido. Y
el mal sueño se hizo notar.
En el, estaba
corriendo sobre el desierto. Respirando atontadamente, y con las piernas
totalmente cansadas.
Mis pulmones
me dolían. Mi corazón latía bruscamente, intentando encontrar
la salida de su jaula.
Tenía sed. Y muy
lejos de donde yo estaba, un destello de luz apareció ante mis ojos.
Mirando
atentamente, note que eras vos. Y que te estabas alejando de mí. Pero a su vez,
esperabas a que llegue ante ti.
Fue en ese
momento, en el que mis piernas ya casi no respondían. Y tampoco mis
pulmones.
Desde debajo de la
arena, aparecían monstruos que querían darme muerte. Todo,
para impedir que llegue hasta ti.
Cada uno, era más
horrible que el otro. Tenían el rostro desfigurado, y otros eran
simplemente esqueletos.
Intentaban detener
mi paso. Querían ponerse en mi camino, para que no pueda encontrarte.
Pero todos me eran
familiares. Los conocía, pero nunca los había visto antes.
Continué en mi aventura, para terminarla
junto a ti. Sabía que tú eras mi meta, y tenia que recorrer mucho camino para
terminar mi carrera.
Los monstruos
gritaban, me hacían doler la cabeza. Me lastimaban, insultaban, e
incluso me estrangulaban.
Yo los golpeaba. A
veces me detenía para matarlos con sus propias armas. Y gritaba
"váyanse"
Pero no
me hacían caso, continuaban saliendo de la tierra. Continuaban
queriendo arrastrarme junto a ellos. Y formar parte del olvido, del olvido
y desolación.
Mas
adelante entendí porque me eran tan familiares. Porque me lastimaban,
y porque intentaban darme caza.
Pero no les di
importancia alguna. Aunque debo admitir, que dude por mucho tiempo.
No sabía que era
lo que debía hacer....si continuar...o escapar....
Continué la
marcha. Estabas tan cerca, que podía escuchar tu respiración.
Estabas llorando, pero con una sonrisa en los labios. Esperabas a que llegue,
pero demostrabas desinterés.
Eras la dama de
la aceptación, y del rechazo.
A pocos metros de
donde estabas, tropecé, y caí sobre un pozo negro. Dentro de
el habían muchos picas afiladas, y por mala
suerte, caí sobre ellos.
Me atravesaron las
piernas, los brazos, y el pecho.
Tú estabas al
borde del precipicio. Mirándome. Riéndote, deseándome el
peor destino.
Y a su
vez, sentías pena por mí. Y rogabas a que te alcance.
Eres lo malvado, y
lo bueno.
Me estaba
desangrando. La agonía era insufrible, horrorosa.
Tiraste una soga,
y de ella me aferre con las pocas fuerzas que me quedaban.
Jale y jale, hasta
que pude separar mi cuerpo de las picas.
Llegue hacia donde
tú estabas. Los monstruos ya no estaban.
Te separaste unos
cuantos pasos, y me mirabas fijamente a los ojos. Con una sonrisa perversa.
Tuve que
arrastrarme hacia ti.
Cansado, mal
herido. Con pocos momentos de vida, llegue a tus pies.
Levante la cabeza
y te vi. Toda tu maldad, todo tu odio.
Toda tu belleza,
tu bondad, tus suaves labios que fueron míos.
Los anhelaba. Me
pare como pude, y aferrándome a ti, te bese dulcemente. Con lágrimas
en los ojos.
Llegue a decirte
una frase. Todo se cubrió de una fuerte y radiante luz.
Me cegaba, pero no
deje de besarte.
Junto a ti, roce
la eternidad.
Y
me extinguí.
Al despertarme,
solo sonreí.
Y escribí un
poema. Con exactamente 22 párrafos:
Que te odio.
Que te detesto.
Que eres lo
malvado.
Que eres el
rechazo puro.
Que eres lo último
que quiero.
Que sacas lo peor
de mí.
Que eres la fuente
de mi odio.
Que eres lo peor.
Que eres todo lo
que odio. Pero todo aquello que amo.
Que no conozco un
futuro si no es a tu lado.
Que eres lo más
hermoso que eh conocido.
Que no puedo vivir
sin ti.
Que me haces
sentir vivo.
Que eres todo lo
que tanto eh deseado.
Que eres el motivo
de mí existir.
Que no quiero
estar un día alejado de ti.
No importa nuestro
pasado.
No puede borrarse,
pero si mejorarlo.
No importan
nuestras heridas, ya que podemos lavarlas, y curarlas.
No importa cuantas
veces tenga que repetirlo, lo haré cuantas veces sea necesario.
La vida es una
sola. ¡Y que corta es!
Quiero vivir a tu
lado, no importa que. Eres mi odio, y eres mi amor. Eres mi sentimiento más
profundo y verdadero. El que me alegra el alma cada día, el que hace
galopar este viejo corazón. Mi amor por ti es eterno. Ya lo veras, ya lo
viste. Mis contradicciones suelen crear distintos términos. Pero solo es
uno el verdadero. Te amo. No quiero estar sin ti. Nunca.


