SlideShow

0

Tormentos. Verdades. Pesadillas y paraíso.

Una tarde. Triste, mal humorado. Con el día completamente nublado.
Estaba yo bajo un árbol. Desnudo, sin hojas o flores.
Arrancando el césped que tenía a mí alrededor. Pensando. Lamentando.

Recordando viejas historias. Bellas como cuentos de niños. Amargas, como drama policial.
Tratando de curar mis heridas con hermosas anécdotas. Espantando horribles desventuras.
Evocando tus besos, tus caricias y abrazos. Maldiciendo todo lo malo. Enterrándolo en esa tierra seca.

Así estuve mucho tiempo pensando en una diversidad sin fin de cosas.
Tales como: Amor, felicidad, triunfos, y la vida misma.
Pero se me era imposible tampoco pensar en las contradicciones. Olvido, tristeza, fracaso, y muerte.

¿Cuanto tiempo abre estado allí sentado? ¿Cuantas veces eh respirado? ¿Cuantas veces mi latió mi corazón?
¿Cuanta muerte deje a mí alrededor? ¿Cuantas veces eh insultado? ¿Cuantas veces, desee estar muerto?
¿Cuantas sin fines de preguntas me eh echo, para no poder contestarlas?

Los bostezos eran cada vez mas regulares. Mis parpados pesaban. Mis fuerzas se alejaban de mi cuerpo.
La noche había llegado, y mis heridas no habían sanado. Solo me quedaba recostar mi cabeza y descansar.
Rogando a que las pesadillas no azoten mi mente. Otra vez.

Quede dormido. Y el mal sueño se hizo notar.
En el, estaba corriendo sobre el desierto. Respirando atontadamente, y con las piernas totalmente cansadas.
Mis pulmones me dolían. Mi corazón latía bruscamente, intentando encontrar la salida de su jaula.

Tenía sed. Y muy lejos de donde yo estaba, un destello de luz apareció ante mis ojos.
Mirando atentamente, note que eras vos. Y que te estabas alejando de mí. Pero a su vez, esperabas a que llegue ante ti.

Fue en ese momento, en el que mis piernas ya casi no respondían. Y tampoco mis pulmones.
Desde debajo de la arena, aparecían monstruos que querían darme muerte. Todo, para impedir que llegue hasta ti.

Cada uno, era más horrible que el otro. Tenían el rostro desfigurado, y otros eran simplemente esqueletos.
Intentaban detener mi paso. Querían ponerse en mi camino, para que no pueda encontrarte.
Pero todos me eran familiares. Los conocía, pero nunca los había visto antes.

Continué en mi aventura, para terminarla junto a ti. Sabía que tú eras mi meta, y tenia que recorrer mucho camino para terminar mi carrera.
Los monstruos gritaban, me hacían doler la cabeza. Me lastimaban, insultaban, e incluso me estrangulaban.

Yo los golpeaba. A veces me detenía para matarlos con sus propias armas. Y gritaba "váyanse"
Pero no me hacían caso, continuaban saliendo de la tierra. Continuaban queriendo arrastrarme junto a ellos. Y formar parte del olvido, del olvido y desolación.

Mas adelante entendí porque me eran tan familiares. Porque me lastimaban, y porque intentaban darme caza.
Pero no les di importancia alguna. Aunque debo admitir, que dude por mucho tiempo.
No sabía que era lo que debía hacer....si continuar...o escapar....

Continué la marcha. Estabas tan cerca, que podía escuchar tu respiración. Estabas llorando, pero con una sonrisa en los labios. Esperabas a que llegue, pero demostrabas desinterés.
Eras la dama de la aceptación, y del rechazo.

A pocos metros de donde estabas, tropecé, y caí sobre un pozo negro. Dentro de el habían muchos picas afiladas, y por mala suerte, caí sobre ellos.
Me atravesaron las piernas, los brazos, y el pecho.

Tú estabas al borde del precipicio. Mirándome. Riéndote, deseándome el peor destino.
Y a su vez, sentías pena por mí. Y rogabas a que te alcance.
Eres lo malvado, y lo bueno.

Me estaba desangrando. La agonía era insufrible, horrorosa.
Tiraste una soga, y de ella me aferre con las pocas fuerzas que me quedaban.
Jale y jale, hasta que pude separar mi cuerpo de las picas.

Llegue hacia donde tú estabas. Los monstruos ya no estaban.
Te separaste unos cuantos pasos, y me mirabas fijamente a los ojos. Con una sonrisa perversa.
Tuve que arrastrarme hacia ti.

Cansado, mal herido. Con pocos momentos de vida, llegue a tus pies.
Levante la cabeza y te vi. Toda tu maldad, todo tu odio.
Toda tu belleza, tu bondad, tus suaves labios que fueron míos.

Los anhelaba. Me pare como pude, y aferrándome a ti, te bese dulcemente. Con lágrimas en los ojos.
Llegue a decirte una frase. Todo se cubrió de una fuerte y radiante luz.
Me cegaba, pero no deje de besarte.

Junto a ti, roce la eternidad.
Y me extinguí.

Al despertarme, solo sonreí.
Y escribí un poema. Con exactamente 22 párrafos:



Que te odio.
Que te detesto.
Que eres lo malvado.
Que eres el rechazo puro.
Que eres lo último que quiero.
Que sacas lo peor de mí.
Que eres la fuente de mi odio.
Que eres lo peor.

Que eres todo lo que odio. Pero todo aquello que amo.
Que no conozco un futuro si no es a tu lado.
Que eres lo más hermoso que eh conocido.
Que no puedo vivir sin ti.
Que me haces sentir vivo.
Que eres todo lo que tanto eh deseado.
Que eres el motivo de mí existir.
Que no quiero estar un día alejado de ti.

No importa nuestro pasado.
No puede borrarse, pero si mejorarlo.
No importan nuestras heridas, ya que podemos lavarlas, y curarlas.
No importa cuantas veces tenga que repetirlo, lo haré cuantas veces sea necesario.

La vida es una sola. ¡Y que corta es!
Quiero vivir a tu lado, no importa que. Eres mi odio, y eres mi amor. Eres mi sentimiento más profundo y verdadero. El que me alegra el alma cada día, el que hace galopar este viejo corazón. Mi amor por ti es eterno. Ya lo veras, ya lo viste. Mis contradicciones suelen crear distintos términos. Pero solo es uno el verdadero. Te amo. No quiero estar sin ti. Nunca.